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home : peces : peces July 22, 2018


7/9/2018 11:21:00 AM
Obispos terminan visita fronteriza pidiendo reunificación de niños
El Obispo Robert J. Brennan, obispo auxiliar de Rockville Centre, N.Y., ayuda a una voluntaria servir sopa a migrantes en un centro de reposo de Caridades Católicas en McAllen, Texas. Una delegación de obispos estadounidenses viajó a la Diócesis de Brownsville, Texas, para ver y aprender más sobre la detención de migrantes en la frontera entre los Estados Unidos y México. (Foto CNS /Chaz Muth)
El Obispo Robert J. Brennan, obispo auxiliar de Rockville Centre, N.Y., ayuda a una voluntaria servir sopa a migrantes en un centro de reposo de Caridades Católicas en McAllen, Texas. Una delegación de obispos estadounidenses viajó a la Diócesis de Brownsville, Texas, para ver y aprender más sobre la detención de migrantes en la frontera entre los Estados Unidos y México.
(Foto CNS /Chaz Muth)
El Obispo Daniel E. Flores de Brownsville, izquierdo, y el Arzobispo José H. Gómez de Los Ángeles, vice presidente de la Conferencia Católica de Obispos Estadounidenses, hablan con la prensa después de una conferencia noticiera el 2 de julio en la Basílica de Nuestra Señora de San Juan del Valle en San Juan, Texas. (Foto CNS /Chaz Muth)
El Obispo Daniel E. Flores de Brownsville, izquierdo, y el Arzobispo José H. Gómez de Los Ángeles, vice presidente de la Conferencia Católica de Obispos Estadounidenses, hablan con la prensa después de una conferencia noticiera el 2 de julio en la Basílica de Nuestra Señora de San Juan del Valle en San Juan, Texas.
(Foto CNS /Chaz Muth)
Por Rhina Guidos
Catholic News Service

SAN JUAN, Texas (CNS) -- En menos de 48 horas, un grupo de obispos católicos vio los rostros de triunfo y alivio de inmigrantes que autoridades de inmigración habían recientemente soltado, pero terminaron su viaje de dos días a la frontera con una experiencia más "sombría", visitando a niños migrantes detenidos que viven temporalmente dentro de las paredes de lo que fue un Walmart y que ha sido convertido en un centro de detención.

Durante una conferencia de prensa después del segundo y último día de su visita el 2 de julio, los obispos hablaron de la necesidad "urgente" de hacer algo para ayudar a los niños.

La separación de algunos de los niños comenzó poco después de que el secretario de justicia federal de los Estados Unidos Jeff Sessions anunciara a principios de mayo que si los migrantes querían arriesgarse a cruzar la frontera ilegalmente con sus hijos, enfrentaban la consecuencia de que el gobierno se los quitara e implementó un política haciéndolo.

La indignación pública del pueblo estadounidense en las semanas siguientes llevó al presidente Donald Trump a rescindir la práctica de separar a hijos de sus padres a mediados de junio. Pero lo que la firma con la pluma de Trump no pudo hacer fue reunir automáticamente a los niños y padres que ya se habían y permanecen separados.

"Los niños que están separados de sus padres necesitan estar juntos. Eso ya comenzó y ciertamente no se terminó y puede haber complicaciones, pero debe hacerse y es urgente", dijo el cardenal Daniel N. DiNardo de Galveston-Houston, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB).

El arzobispo José H. Gómez de Los Ángeles, vicepresidente de la USCCB, celebró misa en español con unos 250 niños, incluso con algunos de los que estaban separados, en el centro de detención en un espacio donde llegaba la carga cuando era la tienda Walmart.

"Fue, como se puede imaginar, muy difícil ver a los niños solos", dijo el arzobispo Gómez durante la conferencia de prensa. "Obviamente, cuando hay niños en la misa, están con sus padres y familias ... pero fue especial estar con ellos y darles algo de esperanza".

Dijo que les habló sobre la importancia de ayudarse los unos a los otros.

La visita a la instalación conocida como Casa Padre fue una de las últimas visitas que concluyó el breve viaje de los obispos a las comunidades fronterizas de McAllen-Brownsville, cerca de la frontera sureña.

Casa Padre, en Brownsville, ganó notoriedad a principios de este año porque alberga a niños separados de sus familias, así como a menores no acompañados en un escenario con murales y citas de presidentes estadounidenses, incluso uno de Trump que dice: "A veces al perder una batalla encuentras una nueva forma de ganar la guerra".  

La instalación es administrada por Southwest Key Programs, una organización sin fines de lucro que opera bajo un contrato federal. Por la tarde, los obispos recorrieron las instalaciones de procesamiento de aduanas y fronteras del Departamento de Seguridad Nacional en McAllen, donde también se detiene a niños.

El obispo Joseph Bambera, de Pensilvania, junto con el obispo auxiliar Robert J. Brennan de Rockville Centre, Nueva York, también fueron parte de la delegación el 1 y 2 de julio, dirigida por el cardenal DiNardo, y estuvieron presentes en la misa en Casa Padre.

El edificio tiene a unos 1,200 niños de entre 10 y 17 años, dijo el obispo Bambera, y aunque la atención que reciben parece ser apropiada -- es limpia, tienen acceso a atención médica, e instalaciones escolares y recreativas -- estaba claro que "allí había una tristeza" que se les notaba a los niños, dijo en una entrevista el 2 de julio con Catholic News Service.

"Le podemos dar lo material para cuidar a una persona y se les da allí, pero eso no nutre la vida. Eso requiere la interacción humana con la familia o con una persona que los cuide", dijo el obispo Bambera.

Aunque muchos de los niños y muchachos detenidos allí son considerados "menores no acompañados", algunos fueron separados de un familiar con quien viajaban, dijo el obispo Bambera. Y cuando se les ve, se nota que "esos muchachos llevan claramente la carga" de la separación familiar, dijo.

El obispo Bambera dijo que los muchachos escucharon atentamente durante la misa y parecían tener una devoción y piedad fuerte, algo que no normalmente se ve en niños de esa edad. Durante la misa, "vi a unos chicos limpiándose las lágrimas", dijo.

El cardenal DiNardo dijo en la conferencia de prensa que la iglesia apoya el derecho de las naciones a proteger sus fronteras. Pero se puede tener fronteras fuertes y tener compasión, dijo el cardenal. Se puede encontrar una solución con compasión, dijo.

El obispo Daniel E. Flores, quien encabeza la Diócesis local de Brownsville, acompañó a la delegación, que en su primer día visitó un centro humanitario operado por Caridades Católicas del Valle del Río Grande.

El obispo Flores dijo que es necesario hacer algo para ayudar a los factores que impulsan la inmigración desde América Central, un lugar donde las personas huyen de una variedad de males sociales, incluso la violencia, las pandillas y la inestabilidad económica.

Los obispos de la frontera de EE. UU. se comunican frecuentemente con sus compañeros en México y América Central sobre diversos temas, dijo monseñor Flores durante la conferencia de prensa, pero los problemas que impulsan la inmigración a los Estados Unidos son complicados.

Monseñor Flores dijo que ha hablado con padres de familia en América Central sobre el peligro del viaje, pero recordó una conversación con madres en lugares como Honduras y Guatemala que le dijeron:

"A mi hijo lo van a matar aquí, le dispararan y él tiene 16 años. ¿Qué puedo hacer?"

"Estas son situaciones extremadamente complicadas y difíciles", dijo. "Este es un problema hemisférico, no solo un problema de la frontera".

El cardenal DiNardo dijo que la iglesia estaba dispuesta a ser parte de cualquier conversación para encontrar soluciones humanas porque otra política que se está proponiendo, de detener a las familias enteras en las instalaciones, causa "preocupación".

Dijo que los obispos reunidos habían hablado de ideas para posibles soluciones y una de ellas incluía lo que se conoce como administración de casos familiares, que conecta a las familias con un administrador social y alguien que les ayude con la orientación legal.

Pero casi exactamente hace un año, el Departamento de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, bajo la administración de Trump, puso fin a dicho programa. Los proponentes habían argumentado que mantenía unidas a las familias y tenía gran éxito en que adultos asistieran a las citas en la corte.

El arzobispo Gómez dijo que la Iglesia Católica estaba dispuesta a ayudar a acelerar el proceso de ayudar a la reunificación de los niños separados de sus familias y evitar que otros se pasen por lo mismo.

"Creo que si queremos algo de la administración, es la unidad familiar", dijo, porque "eso es esencial para la persona humana. Lo que sea que haga falta, estamos dispuestos a ayudar".

En una entrevista anterior con CNS, el Cardenal DiNardo había dicho que sin importar el resultado, la delegación de los obispos había comenzado con el simple objetivo de apoyar y ser una presencia para los inmigrantes y las comunidades a lo largo de la frontera que se encuentran en medio del drama.

"No vine de visita para acusar", dijo. "No vine de visita para resolver todos los problemas".

Fue un sentimiento que volvió a repetir mientras cerraba la conferencia de prensa y las 48 horas que claramente tuvieron un efecto emocional en los obispos que participaron. Los obispos no estaban buscando a quien culpar durante el viaje, dijo.

"Nuestra visita es una visita pastoral. Eso debe tenerse en cuenta", dijo. "Hemos tenido dos días llenos y han sido dos días muy hermosos y, en algunas partes, dolorosos, pero muy, muy hermosos".

Los obispos estaban participando en una misión, dijo, de "compartir el viaje" con migrantes y refugiados, en referencia a una campaña del papa Francisco y de organizaciones benéficas católicas que pide a los católicos y a otras personas de buena voluntad que construyan puentes de comprensión y hospitalidad con migrantes y refugiados.

"El papa Francisco nos ha invitado a todos a un viaje con el migrante y el refugiado y nos alegra que formemos parte del viaje", dijo el cardenal DiNardo.






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