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home : peces : peces October 15, 2018


2/14/2018 3:11:00 PM
Empezamos con la Cuaresma
Homilía del Obispo David M. O'Connell, C.M., para Miércoles de Ceniza

Bishop David M. O'Connell, C.M.


Empezamos de nuevo. El tiempo de Cuaresma empieza con la imposición de cenizas en las frentes con la señal de la cruz. La liturgia nos dice que las cenizas son una “marca de penitencia”, una señal de bendición sobre “el pecador que pide a Dios el perdón”. Estamos arrodeados de recuerdos de ese camino que nos queda por delante en los próximos 40 días: vestimentas moradas, el color de la penitencia; la Misa sin las “aleluyas”; lecturas que se enfocan en la conversión; el ayuno y la abstinencia que se requiere hoy y los viernes durante este tiempo. Todas son señales que nos ayudan mientras “empezamos de nuevo” en búsqueda de reconciliarnos con Dios.

Durante Cuaresma, nosotros los cristianos encontramos mucho en común. De igual el nombre que nos ponemos para describirnos a nosotros o a otros, Cuaresma nos une en un reconocimiento común que todos hemos pecado; todos hemos fallado; y todos, arraizados como una comunidad fundada por Jesucristo, necesitamos la misericordia de Dios.

Escuchamos hoy la palabra de Dios del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. El Libro del profeta Joel nos presenta con la invitación de volverse “al Señor con ayunos, con lágrimas y llanto”. ¿Por qué? Porque somos pecadores. Nuestro salmo gritó “Misericordia, Señor, hemos pecado”. ¿Por qué? Porque somos pecadores. El tiempo de Cuaresma nos provee la oportunidad para afinar nuestras opciones, para afinar nuestra visión, para intensificar nuestra voluntad para hacer caso a la voz de Dios y atarnos a Él. ¿Por qué? Porque somos pecadores. Es el camino a la vida: ¡de polvo a la Pascua!

En el Evangelio según San Mateo, nos desafía de una manera parecida, una manera del estilo de la experiencia propia del Señor Jesús: lo que hace falta no es una demuestra externa simplemente sino, más importante, una conversión interna. No hay mejor momento que el tiempo de Cuaresma para reflexionar profundamente sobre el estado de nuestras almas y abrazar la cruz voluntariamente, no simplemente en nuestras frentes sino en nuestras vidas.

Sabemos que desde ser pequeños, el tiempo de Cuaresma tenía que ver con dejar cosas como señal de penitencia: los dulces, la televisión, y otras cosas que cambiaban con la edad. En los años más recientes, se ha enfocado en “hacer algo” en lugar de dejar cosas como señal de penitencia: ir a Misa entre semana, visitar a los enfermos, regalar recursos a alguna causa especial. Todas estas cosas son señales buenas de este tiempo penitencial pero se hacen vacías si no nos llevan a reconciliación con Dios.

El monseñor Luigi Giussani, fundador del movimiento eclesial “Comunión y Liberación” escribió que “Jesucristo no entró al mundo como sustituto del esfuerzo humano, la libertad humana ni para eliminar la lucha humana… Vino a este mundo para llamar al hombre de las profundidades de todas las preguntas, a su propia estructura fundamental, y a su propia situación verdadera”. Nuestra propia situación es lo siguiente: somos pecadores… ¡y lo reconocemos! Hemos optado por cosas que nos han alejado de Dios, que nos han alienado de Él. Pero no es al revés: Dios nunca se aleja de nosotros, nunca se aliena de nosotros. El tiempo de Cuaresma es una oportunidad para corregir nuestra situación de nuevo --- hacerlo bien --- para acercarnos más a Dios, para acogerlo de nuevo a nuestra vidas… y para darnos cuenta que nunca nos ha dejado.

A través de Cuaresma, Jesús nos invita a la penitencia y la conversión para, en las palabras del Catecismo de la Iglesia (n. 1430), para no mirar, “en primer lugar, a las obras exteriores "el saco y la ceniza", los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia”. Las obras externas nos ayudan recordar pero solo son unas maneras de vivir y no el fin en sí.

Leí en alguna parte que “Cuaresma no es una carrera rápida sino un maratón”, una jornada que simboliza toda la vida entera de la persona. La conversión es lo mismo… no es simplemente ningún evento ni momento, aunque pueda empezar así, sino una serie de conversiones.

Hoy mientras escuchamos sobre llevar la cruz en el Evangelio, debemos invitar esa cruz, el mero símbolo de nuestra cristiandad, a arder profundamente en nuestras almas como marca del esfuerzo renovado para reconciliarnos a Dios. Las palabras que oímos al recibir la imposición de las cenizas --- “Aléjate del pecado y se fiel al Evangelio” --- deben hacer eco en nuestra mente repitiéndose durante este tiempo de Cuaresma en medio de cada situación que nos afronta. Debemos dejar algo para crear un vacio para que Dios lo llene. Debemos también hacer algo positivo que demuestra que pertenecemos a Cristo.

Pero en ambos el sacrificio y el servicio, que nuestra meta sea como nos urge San Pablo hoy, “reconciliarse con Dios”.






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