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home : peces : peces December 17, 2017


10/18/2017 10:55:00 AM
Homilía de la Misa para Escuelas Católicas
El Obispo O'Connell da su homilía a los estudiantes de las escuelas católicas de la Diócesis en la Misa anual para celebrar el regalo que es la escuela católica.(Fotos pescadoras | Craig Pittelli)
El Obispo O'Connell da su homilía a los estudiantes de las escuelas católicas de la Diócesis en la Misa anual para celebrar el regalo que es la escuela católica.
(Fotos pescadoras | Craig Pittelli)

Bishop David M. O'Connell, C.M.


Bienvenidos a nuestra co-catedral. Es la primera vez que nosotros celebramos juntos nuestras escuelas católicas aquí en la Co-catedral San Roberto Belarmino. Nuestra catedral hermosa sigue en Trenton pero el año pasado, el Vaticano me dio permiso nombrar a una segunda catedral – una co-catedral – aquí en medio de nuestra diócesis.

Estoy seguro que muchos de ustedes tienen a amigos que no asisten a una escuela católica, ¿verdad? Algunos tal vez estudian en la casa, otros van a escuelas privadas y muchos otros asisten la escuela pública. ¿Alguna vez se han preguntado por qué ustedes estudian en una escuela católica y no con sus amigos en otras escuelas? ¿Cuáles diferencias existirán entre los tipos de escuela?

Quiero decir que todos vamos a escuela para aprender cosas, para estudiar materias como matemáticas y ciencias e historia y literatura y todas las demás, ¿no es cierto? Las matemáticas son las matemáticas, las ciencias son las ciencias, la historia es lo que es (¡o lo que era!), etcétera. La diferencia es la siguiente. Todos hemos sido creados por Dios en su semejanza e imagen, incluyéndoles a los estudiantes en las otras escuelas. Y el Dios quien nos creyó nos ama a cada uno de nosotros.

En la escuela católica, sin embargo, nosotros añadimos otra materia que no se encuentra en las escuelas públicas: la religión. Y todas las otras materias que estudiamos en las escuelas católicas nos dirigen a Dios, a nuestra fe católica, a nuestra Iglesia, a una “comunidad de fe y conocimiento y servicio” disponible a todos, sean católicos o no: ¡todos son bienvenidos! Y a pesar de que las matemáticas sean las matemáticas, las ciencias sean las ciencias y la historia sea lo que sea (o lo que era), como en cualquier otra escuela, nosotros vemos a esas cosas de una manera distinta en la escuela católica porque nosotros incluimos a Dios y la fe en todo. Por eso nos gusta decir que “¡Las escuelas católicas lo tienen todo”!

Cierren sus ojos por un momento; por favor, ciérrenlos. Ahora piensen en la persona del lado, de en frente y detrás. Mantengan los ojos cerrados. Imaginen a esas personas. Ahora abran los ojos y miren a esas personas. Se ven tal como las imaginaron. Pero si las miran con más atención, hay siempre alguna cosa de que no se dieron cuenta, algo que no vieron al principio. Con sus ojos cerrados, hay que imaginar. Con sus ojos abiertos, ven lo que es verdadero, no solamente una imagen imaginada en su mente. Con los ojos cerrados, no vemos todo que existe. Con los ojos abiertos, ¡se ve todo!

La escuela católica trata de estudiar con los ojos abiertos. No se limita a imaginar ni pensar… se estudia las cosas con una vista que tiene que ver con el Dios que las creyó. Se puede ver más que solo lo visible. Se ve la cosa real: la creación de Dios. Se aprende la verdad completa, no solamente una parte de ella. Esto es lo que nos ofrece la fe.

¿Se puede certificar la fe como un experimento de ciencias? No. Pero eso no es lo que nos ofrece la fe: nos ofrece aún mucho más. La fe es creer sin pruebas. La fe es la Palabra de Dios, que las promesas de Dios, son verdaderas. A lo mejor ustedes tienen a amigos que dice que no cree en Dios. Qué triste eso. Me da pena eso. Esas personas están mirando al mundo, a sus propias vidas, con los ojos cerrados. Tal vez digan “No puedo ver a Dios. No escucho nada de Dios”.

Abran los ojos. Miren a su alrededor. Escuchen. Este mundo es mucho más que lo que podemos imaginar o que las ciencias pueden probar. Hay Alguien atrás de todo, alguien que creyó todo y que lo mantiene. Piensen en sus padres, sus familias, sus amigos. Quizás no están aquí ahora mismo, pero les aman a pesar de que no los ven ahora mismo, no los escuchan ahora mismo. Ustedes lo saben. Y cuando creen en lo que no siempre se ve ni se escucha, verdaderamente vemos y escuchamos más para que la próxima vez que sí los vemos o los escuchamos, nos llene el corazón. Nos sentimos su amor.

Y por eso Dios el Padre envió a su hijo Jesús al mundo: para darnos una imagen de Dios y un ejemplo de lo que nos pide de nosotros. Y por eso Jesús fundó su Iglesia, para recordarnos que siempre está entre nosotros, amándonos. Nuestra Iglesia atestigua a eso … ¡y nosotros miramos ese testimonio con los ojos abiertos! Es lo que nos ofrecen los sacramentos, signos que son más profundos y mayores que los signos mismos: signos que nos presentan a Dios. Por eso rezamos y mantenemos viva nuestra conversación y nuestra relación con Dios a través de las oraciones y en Misa. Por eso seguimos lo que nos enseña la Iglesia y lo que aprendemos a través de nuestra fe y nuestra religión. Y es esa diferencia que brinda la escuela católica y por qué tenemos escuelas católicas. Y ninguna otra escuela puede ofrecer eso a nosotros y con nosotros.

Las escuelas católicas nos permiten ver la vida y el mundo con los ojos abiertos. Aprendemos ver todo de la manera de Jesús lo hacía y lo sigue haciendo: ¡con amor! ¡Con alegría! Con la creencia que ¡nunca estamos solos! Con un deseo de cuidar al prójimo y hacer lo que es justo y necesario – realmente amar al prójimo y eso cuesta mucho; perdonar a los demás, y eso cuesta aún más; elevar uno al otro y no dañar ni molestar al otro, especialmente por las cosas que nos hacen diferentes; compartir nuestra fe y mostrar la misericordia. Eso es el mensaje de nuestra escuela católica, un mensaje que aprendemos y vivimos cada día.

Abramos los ojos – grandemente --  y los corazones también y agradezcamos a Dios por todo que nos invita a ser y creer y hacernos en nuestra escuela católica. Mostremos al mundo entero que las escuelas católicas lo tienen todo -- ¡y que nos tienen a nosotros!






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