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home : peces : peces April 28, 2017


2/22/2017 12:27:00 PM
Requisitos de la Fe en Jesús
Homilía del diácono Patrick Brannigan de la parroquia Santiago, Pennington, del sexto domingo del Tiempo Ordinario
(Foto CNS /Peter Nicholls, Reuters)
(Foto CNS /Peter Nicholls, Reuters)

La primera lectura del Libro de Sirácides de hoy se enfoca en nuestra voluntad – nuestra habilidad de decidir mantener los mandamientos de Dios o no.

Sirácides nos dice que si mantengamos los mandamientos de Dios, estaremos a salvo.

¿Cuáles son estos mandamientos que debemos mantener?

Sirácides habla sobre la Ley de Moisés – la “Ley” mencionada en el Evangelio de hoy que Jesús dijo que vino para cumplir no abolir.

La Ley de Moisés – el Torá – tenía 613 leyes total – regula todo que podríamos comer, con quien nos podríamos casar y como deberíamos vivir. El Tora es rico y hermoso – el Tora es la palabra inspirada de Dios.

Déjenme leer unas de las 613 leyes por su numeración en el Torá. Ustedes podrán ver como Jesús cumplió la Ley:

      7. Amar a Dios;

    10. Seguir los caminos de Dios.

    11. Honrar al anciano.

    22. Servir a Dios.

    27. No atentar contra la vida del prójimo.

    37. Ayudar a otro que trata de levantar su carga caída.

   170. No actuar mal al comprar o vender.

   175. No demandarás del pobre el pago de la deuda si no puede pagar.

   533. Confesar ante Dios el Señor cualquier pecado cometido.

Como el Hijo de Dios, Jesús no solamente cumplió la Ley de Moisés – la simplificó para nosotros.

Cuando le preguntaron a Jesús sobre el mayor mandamiento de la Ley, Jesús respondió:

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.El segundo es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Toda la Ley y los profetas hablan de estos dos mandamientos.

Desde 613 leyes o mandatos del Torá, Jesús nos ayuda llegar a los dos mayores mandamientos.

¿Qué es lo que hace Jesús en el Evangelio de hoy?

Nos llama a alejarnos, a separarnos, del pecado – a dejar atrás al pecado - ¡pero nos dice más que solo eso!

Jesús nos llama a hacer más que el mínimo – a movernos más allá que solo evadir hacer el mal. Jesús nos urge quitar hasta la inclinación, el pensamiento, de hacer el mal. Por ejemplo, si alguien está enojado con su hermano, debe acercarse al altar solo después de reconciliarse con su hermano.

Esto es un cumplimiento radical de la Ley de Moisés.

Jesús nos llama no solo hacer el mínimo en evadirnos del mal sino que nos hagamos instrumentos positivos de la paz, el amor y la compasión.

No caigamos en pensar que este llamado de Jesús sea una sugerencia cuando nos conviene hacer el bien. Jesús nos manda a cambiarnos en el corazón – algo que nos obliga poner a Dios y al vecino en el centro de quienes somos, de nuestro ser total – en el mismo lugar de donde salen nuestros pensamientos y acciones.

Luego, en el Evangelio según San Mateo cuando Jesús habla sobre el Día del Juramento Final, nos dice que será él quien separa a los beatos poniéndolos al lado derecho y los malditos al izquierdo. A los beatos dirá:

Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento;  necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron”.  

Y le contestarán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber?  ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos?  ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?”  El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”.

Así que, Jesús no dijo que daremos de comer al hambriento – vistiéramos al desnudo – acogiéramos al extraño -  solamente cuando nos convenía. Jesús no dijo que acogiéramos al extraño solo si tuviera la misma descendencia de nosotros o la misma etnicidad o si fuera de la misma religión.

No. Jesús dijo que debiéramos dar la bienvenida a todos como si estuviéramos dándole la bienvenida a Jesús mismo.

Como cristianos, nuestra fe nos requiere dar de comer al hambriento, vestir al desnudo y acoger al extraño – de la misma manera que el Buen Samaritano ayudó a la víctima gopeada y casi muerta en el camino a Jericó.

Nuestra fe nos requiere servir a las personas necesitadas porque al servir a ellas, esperamos, nuestros ojos verán la gloria y nuestros oídos oirán esas palabras maravillosas: “Bienvenida o bienvenido mis sirvientes buenos y fieles. Cuando dieron de comer al hambriento, cuando vestiste a la persona sin ropa y acogiste al extraño – lo hicieron por mí”.

Amén.






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