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home : peces : peces August 16, 2017


2/13/2017 1:10:00 PM
La enfermedad puede inspirar la compasión, aumentar el don de la fe
Jornada Mundial del Enfermo
Que Dios le bendiga • El padre Michael Hall bendice a una paciente en morris Hall en diciembre. (Foto pescadora | Joe Moore)
Que Dios le bendiga • El padre Michael Hall bendice a una paciente en morris Hall en diciembre. (Foto pescadora | Joe Moore)

Bishop David M. O'Connell, C.M.


En su mensaje para la “Jornada Mundial del Enfermo del 2017” anual, nuestro Santo Padre Papa Francisco explicó que esta conmemoración nos brinda “una oportunidad para reflexionar… sobre las necesidades de los enfermos y… de todas las personas que sufren. También puede ser una ocasión para agradecerles a las tantas personas que ayuden a los enfermos, principalmente a los familiares y los trabajadores y voluntarios de salud, por su vocación de acompañar a nuestros hermanas y hermanos, una vocación otorgada por Dios”.

Establecido en el 1992 por Papa San Juan Pablo II, a quien le diagnosticaron con Parkinson, la “Jornada Mundial del Enfermo” recuerda a la Iglesia que “la enfermedad de algún familiar, amigo o vecino nos es un llamado a los cristianos a demostrar la compasión verdadera, aquel compartir tierno y duradero del dolor del prójimo”.

Todos conocemos a alguien que ha estado seriamente enfermo; algunos de nosotros nos hemos enfermado así. Tales experiencias revelan la fragilidad de nuestros cuerpos humanos, del impacto que la enfermedad puede tener en nuestra perspectiva de vida y de las necesidades de los enfermos entre nosotros a que solamente personas que se preocupan por los demás pueden responder.

La compasión del Señor Jesús hacia el enfermo siempre ha animado a los cristianos. La Iglesia ha seguido este ministerio suyo desde su incepción a través de ofrecer sanación, fortaleza espiritual, esperanza inspiradora, el compartir el amor cómo él nos enseñó. Ese ministerio sigue siendo una obra de misericordia para todos los creyentes.

El enfermo comparte el sufrimiento del Señor Jesús, un sufrimiento tan visible en la Cruz. Si él viera su sufrimiento como manera de aceptar y redimir nuestra humanidad, entonces el Señor Jesús nos invita a ver nuestra enfermedad como una manera para acercarnos aún más a él. En su carta a los romanos, San Pablo escribe: “Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada” (Romanos 8:18).

La enfermedad nos da otra ocasión humana, a través de nuestro sufrimiento, para profundizar nuestra fe. Aunque nuestra fe no nos sane de la enfermedad física siempre, hace que la aguantemos si vemos dentro de los momentos de enfermedad la presencia misma del Señor Jesús dándonos su mano, ofreciéndonos el razonamiento en las cruces que llevamos, tranquilidad y paz. Las personas enfermas deben rezar por estos dones desde su sufrimiento. El Beato Pablo VI escribió: “que sepamos que no están solos, separados, abandonados ni inútiles. Ustedes han sido llamados de Cristo y son su imagen viva y transparente” (Discurso a los Enfermos, 8 de diciembre del 1965).

La buena salud nos ayuda reconocer las bendiciones que tenemos. También nos es una oportunidad para poder acompañar al enfermo en su camino por la vida humana. Una visita, una carta o regalo, una sonrisa, una mano tierna, una lágrima compartida y la oración nos permiten ser la presencia del Señor Jesús para el enfermo.

Las personas que cuidan a los enfermos – los médicos y las enfermeras, el personal y los voluntarios, los sacerdotes y los cuidadores pastorales, las familias y los amigos – tienen un papel tan importante y compasivo. Sean creyentes o no, son el toque del Señor Jesús, sus manos, su voz, su empuje a la esperanza. Demos gracias a Dios por ellas mientras hacen que cada día sea una “jornada mundial del enfermo”. Recemos por ellas también.

El papa san Juan Pablo II pidió que celebráramos este día especial de oración anualmente en toda la Iglesia el 11 de febrero, la Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Lourdes es el sitio en Francia donde la Beata Madre apareció a Santa Bernardita Soubirous cuando tenía 14 años el 11 de febrero del 1858. Desde esa fecha, han reportado miles de sanaciones milagrosas  de los enfermos que visitaron el lugar. Al cuadrar este día con la Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, el papa san Juan Pablo II les entrega a todos los enfermos a las manos maternas de María. Que ella acerque a nuestros queridos enfermos y a todos quienes los cuidan al corazón de su Hijo.






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