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home : peces : peces April 29, 2017


2/3/2017 1:35:00 PM
La vida consagrada: una vocación a lo sagrado
Mensaje para el Día Mundial para la Vida Consagrada
Unidos en la fe • El obispo O’Connell y la hermana filipini Angelina Pelliccia, directora de Escuela San Jerónimo, West Long Branch, se saludan en una recepción después de una Misa en celebración de la vida consagrada. Foto del Monitor

Unidos en la fe • El obispo O’Connell y la hermana filipini Angelina Pelliccia, directora de Escuela San Jerónimo, West Long Branch, se saludan en una recepción después de una Misa en celebración de la vida consagrada. Foto del Monitor


Bishop David M. O'Connell, C.M.


Haber crecido y asistido la escuela católica parroquial, yo quería tanto a “las monjas” que nos enseñaban, las Hermanas Sirvientes del Corazón Inmaculado de María (IHM). Mientras muchos parecen disfrutar contar “historias de horror” sobre sus experiencias en la escuela católica, yo me considero muy suertudo haber tenido la posibilidad de ser enseñado por estas mujeres religiosas maravillosas. Vestidas en azul y negro de cabeza a pie, estas hermanas – las llamábamos las “Macs” – nos querían mucho y nosotros lo sabíamos.

Al salir del convento cada mañana al lado del patio escolar de recreo, los niños y niñas se les acercaban para “llevar la mochila de la hermana” y ayudarlas. Cada clase empezaba y terminaba en oración, recordándonos siempre de la presencia de Dios. En los salones se veía muchas estatuas e imágenes religiosas, recordándonos de los héroes de nuestra Iglesia. Y las hermanas mismas en sus hábitos siempre un poco misteriosas – ¿Qué eran sus nombres verdaderos? ¿Cómo era su pelo? ¿Aparte de rezar, qué más hacían? Las hermanas siempre estaban para ayudarnos, recordándonos de la alegría que se recibe al servir y amar a Dios.

Yo no conocía ningún “hermano” hasta la secundaria. Los hermanos eran hombres religiosos que no eran sacerdotes pero iguales en su devoción a Dios. La mayoría parecía trabajar fuera de la atención sirviendo de tantas maneras como arreglando cosas, cocinar o enseñar. Los sacerdotes se hicieron muy presentes para nosotros, pero los hermanos siempre estaban, sea en la capilla o en la cancha deportiva, siempre listos con algún mensaje positivo o anécdota chistosa. Nos preguntábamos porque ellos nunca llegaban ser sacerdotes hasta que ellos nos explicaron el sentido especial de su vocación único.

Aunque hayan disminuido los números de hermanas y hermanos religiosos de aquellos tiempos, igual como los números de sacerdotes, sus vocaciones como religiosos consagrados siguen atestiguando a la presencia de Dios en la Iglesia Católica. Muchos han cambiado su vestimenta tradicional a ropa moderna, pero todavía, se visten de Cristo en las vidas que llevan y en los ministerios en que trabajan – la enseñanza, el trabajo en los hospitales, ser capellanes en los ministerios en las cárceles, los servicios sociales, el liderazgo parroquial y tantos otros ministerios. Aquí en la Diócesis de Trenton, tenemos la bendición de tener a 266 mujeres religiosas y 55 hombres religiosos de órdenes distintas, entregándose por completo, sea en actividades apostólicas o apoyando a la Diócesis con sus oraciones como miembros jubilados de sus comunidades religiosas.

En el 1997, Papa San Juan Pablo II estableció un “Día Mundial de Oración por las Mujeres y los Hombres de la Vida Consagrada” anual. Este año, celebramos ese día el 5 de febrero. Es una ocasión para que todos nosotros recemos por los religiosos, por más vocaciones dentro de sus órdenes; en que recordemos todo el bien que han hecho y que siguen haciendo para la Iglesia; para celebrarles y agradecerles por ofrecer sus vidas enteras a Dios y la Iglesia, siguiendo al Señor Jesucristo a donde les guie y a donde les guiará. Han tomado votos de la pobreza, la castidad y obediencia, llamados “los consejos evangélicos” como testimonio de devotar su vida entera a la consagración, una consagración que empezó en su bautismo. Se unen en la oración y en la vida comunitaria a ser levadura en la comunidad de fe. ¡Su convicción, su consagración, su llamado son nada más que increíbles!

El papa Benedicto XVI lo expresó tan bien en el 2005: “A través de pegarse a Cristo y a su Iglesia, ellos tienen la misión especial de recordarles a todos de la vocación universal a la santidad… los hombres y las mujeres consagrados proclaman que solamente Dios puede completar la existencia humana (Discurso a los obispos canadienses, 2005)”. ¡Nos hacen falta más de ellos!

Como muchos católicos de mi generación y antes, tengo recuerdos maravillosos de aquellas “Macs Fuertes” quienes enseñaban en nuestra escuela parroquia. Algunas siguen ahí y otras ya están en casa con Dios. Una memoria querida mía fue cuando la hermana Mary Pacis, IHM, mi maestra de octavo grado, me llamó a su escritorio. Me sonrió y me dijo con ojos brillantes algo que nunca olvidaré: “David, tu forma de escribir no es para nada legible, pero creo que serías muy buen sacerdote”. Aunque nunca se mejorara mi forma de escribir, me conmovió profundamente verla entre la congregación en mi primera Misa. Gracias, hermanas y hermanos. ¡Ustedes hacen que nuestra Iglesia y nuestro mundo sean mejores!


El Reverendísimo David M. O’Connell, C.M.
Obispo de Trenton






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