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home : peces : peces March 27, 2017


1/20/2017 8:25:00 AM
"Para que todos sean uno"
Un mensaje del obispo David M. O'Connell, C.M., para la Semana de la Oración por la Unidad Cristiana

Bishop David M. O'Connell, C.M.


La semana anual de “Oración por la Unidad Cristiana” se lleva a cabo el 18 al 25 de enero. El tema este año es “La Reconciliación – el amor de Cristo nos compela” (2 Corintios 5:14-ff.). Tiene su principio en la oración de Jesús en su Última Cena, “para que todos sean uno (Juan  17: 21)”. Ahora que se acerca la semana de oración, yo quisiera compartir unos pensamientos que son los frutos de mi reflexión y lectura espiritual.

Primeramente, sobre “la unidad”. El papa Francisco nos ha dicho:

La unidad no es uniformidad, no es hacer obligatoriamente todo junto, ni pensar del mismo modo, ni mucho menos perder la identidad. La unidad en la diversidad es precisamente lo contrario, es reconocer y aceptar con alegría los diferentes dones que el Espíritu Santo da a cada uno, y ponerlos al servicio de todos en la Iglesia. La unidad es saber escuchar, aceptar las diferencias, tener la libertad de pensar diversamente, y manifestarlo. Con todo respeto hacia el otro, que es mi hermano. ¡No tengan miedo de las diferencias (Discurso Del Santo Padre Francisco a los miembros de la Fraternidad Católica de las Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza, 31 de octubre del 2014)!

De manera semejante, su sucesor, el papa Benedicto XVI, notó:

Ciertamente el camino de la unidad sigue siendo largo y difícil; sin embargo, es necesario evitar el desaliento y seguir recorriéndolo, contando en primer lugar con el apoyo seguro de Cristo que, antes de subir al cielo, prometió a los suyos: "He aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20). La unidad es don de Dios y fruto de la acción del Espíritu. Por esto es importante orar. Cuanto más nos acercamos a Cristo, convirtiéndonos a su amor, más nos acercamos también los unos a los otros.

Se ha desarrollado el concepto de “la unidad” en las escrituras de parte de muchos papas de los siglos 20 y 21 precisamente porque fue el tema que Jesús toca en el Padre Nuestro. Esta semana nos ofrece una oportunidad para considerar y orar por la unidad entre todos los creyentes cristianos.

Próximo, hablamos sobre “la unidad cristiana”. En el Segundo Concilio Vaticano (1962-65), uno de 21 “concilios ecuménicos” de la historia eclesial, enfatizaron el llamado fuerte por la unidad cristiana en todos sus documentos, especialmente en el “Decreto sobre el Ecumenismo” aprobado unánimemente por los Padres del concilio y compartido por el papa Pablo Vi el 21 de noviembre del 1964. Entonces, el Concilio empezó diciendo:

Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los fines principales que se ha propuesto el Sacrosanto Concilio Vaticano II, puesto que única es la Iglesia fundada por Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de Jesucristo; todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y siguen caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido. División que abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo (artículo 1). …

Hoy, en muchas partes del mundo, por inspiración del Espíritu Santo, se hacen muchos intentos con la oración, la palabra y la acción para llegar a aquella plenitud de unidad que quiere Jesucristo. Este Sacrosanto Concilio exhorta a todos los fieles católicos a que, reconociendo los signos de los tiempos, cooperen diligentemente en la empresa ecuménica (artículo 4).

Unos 30 años antes del Concilio, el papa Pio XII escribió en el 1939 que:

… No queremos tampoco pasar en silencio el reconocimiento que suscitó en nuestro corazón la felicitación de aquellos que, sin pertenecer al cuerpo visible de la Iglesia católica, en su nobleza y sinceridad, no han querido olvidar todo aquello que, en el amor a la persona de Cristo o en la fe en Dios, les une con Nos (Encíclica, Summa Pontificatus, 20 de octubre del 1939).

Aunque reconozcan que el camino a la unidad cristiana sea largo y a veces duro, las enseñanzas del magisterio de la Iglesia han ubicado al dialogo y alcance ecuménico --- la “carne” de la unidad cristiana--- como prioridades para la Iglesia en el día de hoy.

Finalmente, unas palabras sobre “la oración por la unidad cristiana.” La mayoría de católicos no tienen conocimiento íntimo de las complejidades y matices del ecumenismo  para poder debatir ni discutir sus implicaciones con mucho detalle. Para la mayoría de nosotros, nuestros pueblos y ciudades tienen diversas iglesias de varias denominaciones cristianas que nunca hemos conocido, aunque vivamos en el mismo vecindario o trabajemos con miembros de esas iglesias. Eso no es bueno ni mal, solo tal cual como está nuestra realidad. A lo mejor a veces tengamos conversaciones ligeras con otros cristianos sobre “cosas de la iglesia” pero probablemente sin mucha profundidad.

 Tal vez hemos asistido servicios, bodas o funerales en otros ambientes cristianos e identificamos las diferencias que existen entre nuestra práctica religiosa. Quizás tenemos familiares quienes, por alguna razón como el matrimonio u otra circunstancia, pertenecen o viven otras fes cristianas y hemos tenido oportunidades para conversar sobre las diferencias. El punto es que todos sabemos que existen “diferencias” pero ¿sabemos cuáles cosas los cristianos tenemos en común? Son las cosas que tenemos en común que son herramientas para construir la unidad cristiana.

De hecho, el Señor Jesús en su Última Cena rezó por sus Apóstoles y por aquellos que creerían en Él a través de su palabra, “que todos sean uno”. Pero, ¿qué quería decir Jesús? ¿Quería que todos fueran idénticos o lo mismo? No creo. La unidad no significa, como el papa Francisco y otros papas nos han dicho, tener “uniformidad” en todas las cosas. Mientras los católicos pertenecemos a una Verdad, “un Señor, una fe, un bautismo, un Dios que es Padre de todos (Efesios 4:5),” reconocemos las diferencias que existen dentro de nuestra propia Iglesia. Cuando estas diferencias impiden la unidad verdadera dentro de la comunidad católica, nos debemos preocupar. “Si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer (Marcos 3:25)”. Entonces, ¿cómo podrían los católicos esperar o rezar por la unidad con otros cristianos, como rezara Cristo?

Este llamado breve por la unidad en la oración de Jesús nos invita a poner nuestras vidas en sus manos igual como Él se entregó a las manos del Padre. “Para que todos sean uno, como ustedes están en mí y yo en ustedes”. Los cristianos buscan su salvación a través del señor Jesucristo quien se revela a ellos y les inspira en ellos el don de creer, aceptar y responder a través de su presencia. Eso es el corazón de la unidad cristiana a pesar de la variedad de expresiones que encontremos. ¿Y la consecuencia de poner la fe en Cristo? Una vida de amor activo semejante a la vida del Maestro. Es ese amor que “nos urge” a crear puentes en medio de las diferencias que existen y buscar la reconciliación, primeramente con Dios y después con los demás. Y de esto se debe tratar nuestra oración esta semana y siempre hasta que, de verdad, seamos uno en la casa del Señor.






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