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home : peces : peces March 27, 2017


10/20/2016 4:23:00 PM
El llamado de la misericordia sigue
Convocación diocesana para hombres y mujeres religiosos
Fiel en servicio -- Hombres y mujeres religiosos que sirven en todas partes de la Diócesis de Trenton se reunieron para una convocación el 8 de octubre en la Parroquia Santa Ana, Lawrenceville. Aquí se unen al obispo David M. O'Connell, C.M. quien celebró la Misa en la convocación. (Fotos Pescadoras | John Blaine)
Fiel en servicio -- Hombres y mujeres religiosos que sirven en todas partes de la Diócesis de Trenton se reunieron para una convocación el 8 de octubre en la Parroquia Santa Ana, Lawrenceville. Aquí se unen al obispo David M. O'Connell, C.M. quien celebró la Misa en la convocación. (Fotos Pescadoras | John Blaine)
En oración -- Dos religiosas se enfocan intentamente durante la Misa celebrada por el obispo O'Connell.
En oración -- Dos religiosas se enfocan intentamente durante la Misa celebrada por el obispo O'Connell.

Lois Rogers


Aunque pronto se concluirá el Santo Año de la Misericordia, los sacerdotes y hermanas religiosos, que se reunieron para la celebración diocesana de la vida consagrada, está de acuerdo que siempre se necesitará de sus poderes de sanación.

Más de 65 hombres y mujeres que han entregado sus vidas al servicio de Dios en multitudes de ministerios en todas partes de la Diócesis de Trenton se reunieron en la Iglesia de Santa Ana, Lawrenceville, para el día anual de oración y compartir que se enfocó en el Santo Año de la Misericordia.

Muchos compartieron que sacaron muchos frutos del año santo que les servirá en sus ministerios en el futuro. El Año Jubilar, declarado por el Papa Francisco, se abrió el 8 de diciembre del año pasado y cierra este 20 de noviembre en la Fiesta de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.

La celebración se llevó a cabo gracias al Obispo David M. O’Connell, C.M., quien celebró la Misa de la mañana, y fue patrocinada por la Oficina de Clero y Vida Consagrada diocesana. El Monseñor Thomas J. Mullelly, vicario para el clero y la vida consagrada concelebró la Misa junto al Padre Martin McGeough, C.M., el coordinador de los ministerios en las cárceles y prisiones; el Padre trinitario Gerard Lynch, párroco de la Parroquia Santa Ana, y el Padre Michael Wallack, secretario episcopal y maestro de ceremonias para Obispo O’Connell.

En su homilía, Obispo O’Connell predicó el Evangelio del día según San Lucas que resulta ser una de las lecturas más breves del Leccionario con solo 43 palabras. El Evangelio habla de un momento en que Jesús hablaba con una multitud de personas y una mujer le gritó a él diciendo “¡Dichosa la mujer que te llevó en su seno y cuyos pechos te amamantaron!" Pero Jesús le respondió: "Dichosos todavía más los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.”

A pesar de lo breve de la lectura, el obispo dijo que los versos “contienen una verdad profunda: bendecidos son las personas que escuchan la Palabra de Dios y que la viven. Dos versos, dos referencias, dos acciones, dos recetas para la alegría: escuchar la Palabra de Dios y obedecerla, vivirla. …”

“Vemos eso en el Evangelio. Una mujer llena de entusiasmo reconoce el valor de su madre – la bendecida que fue a tener a un hijo como Jesús. Se puede escuchar la respuesta de Jesús como un reproche pero no lo es. No le estaba corrigiendo ni negando la verdad de su entusiasmo. Él también sabía que su madre era bendecida.”

Lo que hacía Jesús fue “invitar a las personas presentes a participar en la respuesta de María a la palabra de Dios,” a unirse en su Magnificat cuando ella proclamó “Que sea siempre su voluntad y no la mía.”

Obispo O’Connell predicó que “El Evangelio de hoy nos ilumina algo de la vida consagrada: una iluminación simple y verdadera. Las religiosas y los religiosos escuchan la Palabra muy a menudo mientras se hace visible en sus vidas, en sus enseñanzas, en sus carismas, en la ley que siguen, y en sus experiencias cotidianas.”

“Estamos llamados vivir el Evangelio. Estamos llamados a ‘vestirnos’ en el Evangelio,” dijo. “Cristo es el hábito en que nos vestimos – hablando de la ropa o de la metáfora. La Palabra es ‘la ley’ que seguimos. La Palabra es ‘la vida’ que vivimos. La Palabra es el Uno que seguimos y servimos.”

En su reflexión sobre el Santo Año de la Misericordia, presentadora especial en la convocación, Hermana franciscana Anne Amati habló sobre “mirar al mundo con misericordia” y comentó que ese punto de vista no debe acabar cuando se cierra el Santo Año oficialmente.

Hermana Anne habló de la importancia de ver la vida como nos urge verla el Papa Francisco, no “del centro sino de la periferia.” Dijo que el Papa Francisco nos llama a todos los fieles a “salir hacia afuera y hacer más de lo pedido… a no dejar que seamos presos de nuestros propios problemas sino que vayamos a las periferias” donde hay mucho caos.

“(El Papa) Francisco dice que no es una estrategia buena estar en medio del circulo sino que hay que ver nuevos lugares para poder entender las experiencias de vida de los demás.”

Una manera para salir a las periferias, dijo la hermana, podría ser familiarizarnos con otras religiones y otras culturas. Usó al Papa Francisco como ejemplo y como él hace referencia a textos en el Tora y los textos islámicos que hablan profundamente sobre la misericordia.

Por ejemplo, las personas que buscan entender mejor la religión de Islam podrían profundizar su propia experiencia de fe al ver que los musulmanes tienen 99 nombres para Dios. El nombre más usado es Alá, el Misericordioso y Bondadoso. “Es muy bueno tener una perspectiva amplia,” compartió Hermana Anne.

Además de textos religiosos de otras tradiciones de fe, la hermana también habló de la hermosura de la poesía religiosa de Francis Thompson, T.S. Eliot, Jessica Powers y el místico franciscano, Jacopone da Todi. Ella animó a todos presentes a involucrar a los cinco sentidos para enfocarse en la Encarnación – “el acto profundo de Dios más misericordioso que nos ha dado.”

La Hermana Anne describió a Jesús como el “sede de la misericordia” – del Antiguo Testamento – “Encarnado. Encarnado  que significa que nos cubre nuestro pecado; que Dios nos respalda en Jesús. … A través de su Muerte y Resurrección, Jesús se hace el centro del santuario. Sana todos nuestros pecados. Es la revelación del amor extravagante de Dios. Cristo es el rostro misericordioso de nuestro Dios trinitario.”






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